Otros indicadores
Indicadores económicos:
- Big Mac:
casi nada mejor para conocer la riqueza de un país que comprarse un Bic
Mac. La hamburguesa más famosa de McDonald’s sabe igual en cualquier
parte del mundo, pero no cuesta lo mismo. The Economist publica cada año su índice Big Mac, que muestra una gran correlación entre su precio y el PIB per cápita.
- Corbatas:
las crisis son buenos tiempos para los fabricantes de corbatas. Los
trabajadores en busca de empleo y los que no quieren perder el suyo
suben las compras de este complemento: es más barato que un traje y
puede ser la clave del éxito en una entrevista laboral. Además, los
estudios aseguran que las corbatas son más estrechas durante los malos
años y más llamativas cuando la economía comienza a recuperarse.
- Tacones:
durante las crisis, los tacones tienden a subir. Es difícil encontrar
una explicación a esta tendencia. Quizás pudiera ser la misma que la de
las faldas largas, las mujeres buscarían una imagen más profesional y
elegante
- Palomitas: según
varios estudios, en época de vacas flacas vamos más al cine y comemos
más palomitas. Es curioso, porque no es un pasatiempo barato (aunque sí
más que ir a cenar), pero los datos, al menos en EEUU, dicen que las
taquillas no sufren tanto como otros sectores de la economía. Sobre
todo, son buenos años para las grandes superproducciones y las películas
de aventuras. La gente quiere olvidar las penurias del día a día y la
gran pantalla es un sitio tan bueno como cualquier otro.
- Picaduras de mosquito: un
índice muy adecuado para climas calurosos. En Florida o Arizona, se
dieron cuenta de que el crack del sector inmobiliario iba unido a un
incremento en las ventas de cremas antipicaduras. ¿El motivo? Los
propietarios que no podían pagar sus hipotecas abandonaban sus preciosas
casas con jardín y piscina, que iban a parar al banco. Claro, un lugar
así sin cuidados es el mejor caldo de cultivo para todo tipo de
insectos, especialmente los mosquitos.
- Peluquería:
en casi todos los ejemplos de los que hemos hablado hay una cara y una
cruz. De esta manera, las visitas a las peluquerías se desploman en las
crisis. Es uno de los gastos que primero se eliminan. A cambio, los
fabricantes de tintes y otros productos de aplicación casera hacen su
agosto. Las consecuencias: más mujeres que se peinan en casa y pelo más
corto (quizás porque es más fácil de manejar para las peluqueras
aficionadas que las largas melenas).
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